Adriana Rojas Gómez empezó a trabajar en un pequeño espacio alquilado en las afueras de Santo Domingo, con una soldadora prestada y la idea de reparar el portón de la casa de su abuela. Aquella pieza tenía los marcos torcidos y bisagras que ya no sostenían nada. Pasó semanas enderezando, probando y volviendo a empezar. Cuando por fin el portón cerró parejo, los vecinos empezaron a preguntar quién había hecho el trabajo.