Rickety Gates Ver catálogo

Un taller que entiende el hierro viejo

Detrás de Rickety Gates hay un equipo pequeño que lleva años devolviéndole la vida a portones, verjas y barandas de casas coloniales en República Dominicana. No somos una fábrica: somos un taller donde cada pieza se revisa a mano, se diagnostica y se repara con criterio.

El taller, año tras año

No es una historia de grandes anuncios, sino de oficio acumulado. Cada etapa de Rickety Gates se explica por una decisión concreta: qué tipo de hierro restaurar, cómo tratar la corrosión, qué piezas fabricar a juego con la fachada original. Esto es lo que hemos ido construyendo desde el primer portón que entró al taller.

2011 — Primer taller en San José de Ocoa

Empezamos en un espacio pequeño, con una mesa de trabajo y herramientas básicas. Los primeros encargos fueron bisagras sueltas y tramos de verja con óxido superficial. Ahí aprendimos a leer el metal: no todo lo que parece dañado requiere reemplazo.

2014 — Llegada del horno para esmalte

Instalamos la cabina de horneado propia. Eso cambió la forma de trabajar: el acabado dejó de depender de terceros y pudimos controlar el grosor de la capa, la temperatura y el tiempo de curado. Las piezas que salen del taller aguantan mejor el clima húmedo de Santo Domingo.

2017 — Primeras restauraciones de portones coloniales

Recibimos portones de casas con más de cuarenta años de uso. No bastaba con lijar y pintar: había que enderezar marcos deformados, soldar uniones internas y fabricar piezas decorativas que replicaran el dibujo original de la hoja. Ese encargo definió el rumbo del taller.

2020 — Diagnóstico a domicilio en Santo Domingo

Empezamos a visitar residencias para evaluar portones y verjas sin necesidad de desmontarlos. Revisamos bisagras, estado de la soldadura, puntos de corrosión interna y deformaciones en los marcos. El cliente recibe un informe claro antes de decidir cualquier reparación.

2023 — Línea propia de herrería decorativa

Además de restaurar, hoy fabricamos remates, volutas y apliques que imitan el estilo de la fachada original. No se trata de inventar un diseño nuevo, sino de entender la época de la casa y reproducir sus motivos con la misma técnica de forja.

La razón de ser del taller

Rickety Gates nació de una observación simple: en las casas coloniales y residencias de Santo Domingo hay portones y rejas que llevan décadas sosteniendo fachadas, pero nadie los repara como merecen. No hablamos de pintar por encima ni de cambiar la pieza por una industrial. Hablamos de devolverle la función y la presencia a un hierro que ya demostró que puede durar.

Diagnóstico antes que promesa

Cada portón llega con una historia distinta: corrosión interna que no se ve, bisagras que ya no aguantan el peso de la hoja, marcos que se ven rectos pero ceden al cerrar. Por eso no cotizamos sin revisar la pieza. Primero se hace el diagnóstico completo, se documenta lo que hay y lo que no se puede salvar, y recién entonces se habla de un plan de trabajo.

Efecto esperado: sabes exactamente qué se va a hacer y por qué, antes de comprometerte.
Respeto por la pieza original

Un portón de hierro forjado no es un producto en serie. Tiene un ritmo de soldadura, un grosor de barrote y una lógica decorativa que responden a su época. Cuando fabricamos una bisagra nueva o enderezamos un marco, lo hacemos para que la pieza siga siendo la misma, no para que parezca otra. Las partes que se reemplazan se trabajan a medida, con el estilo de la fachada como referencia.

Efecto esperado: la reparación no desentona con la casa ni con el barrio.
Materiales que aguantan el clima

La humedad y la sal del ambiente en República Dominicana castigan el hierro sin tregua. Por eso usamos imprimación anticorrosiva como base y terminamos con esmalte horneado en las piezas que van a estar expuestas. No es un capricho técnico: es la diferencia entre volver a ver óxido en dos años o en diez.

Efecto esperado: la restauración resiste el trópico y no requiere retoques constantes.
Trabajo que se puede verificar

No pedimos confianza ciega. Mostramos el proceso, explicamos cada etapa y dejamos que el cliente vea la pieza antes del acabado final. Si algo no quedó bien alineado o una soldadura no convence, se corrige en el taller, no después de instalar. Preferimos que la revisión sea parte del trabajo y no un favor.

Efecto esperado: recibís la pieza sabiendo cómo se trabajó y qué se hizo en cada paso.

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