Diagnóstico antes que pintura
La mayoría de los portones que llegan al taller no necesitan una mano de esmalte, necesitan que alguien mire adentro del metal. Revisamos cada unión soldada, cada bisagra y cada punto donde el agua se acumula. Si la corrosión ya avanzó por dentro, lo decimos claro antes de proponer cualquier trabajo.
Piezas hechas a medida
Cuando una bisagra ya no da más o un tramo de la verja está deformado, no buscamos una pieza genérica en un catálogo. Fabricamos la reposición en el taller, copiando el perfil y el acabado del resto de la fachada para que la reparación no se note. Eso es lo que marca la diferencia en casas coloniales.
Acabado que aguanta el trópico
La humedad y la sal del aire hacen estragos en cualquier hierro. Por eso aplicamos imprimación anticorrosiva y terminamos con esmalte horneado en cabina, no con pintura al aire libre. El resultado es una capa dura que resiste la abrasión y los químicos de limpieza mucho mejor que un esmalte sintético común.
Respeto por el estilo original
Una casa con treinta o cuarenta años de historia tiene una personalidad que no se reemplaza. Antes de tocar cualquier pieza, estudiamos el dibujo de la forja, el tipo de remate y la forma de las hojas. La restauración busca conservar ese carácter, no imponer un diseño nuevo encima.
Visita a domicilio para cotizar
No hace falta que desarmes nada ni que cargues con un portón pesado hasta el taller. Agendamos una visita, revisamos el estado de la estructura en el lugar y te dejamos una cotización por escrito, sin compromiso. Si prefieres traer la pieza, también la recibimos en Santo Domingo.